
Camisas bajo jerséis, cárdigans, americanas y abrigos largos. La superposición de prendas se convierte en una de las claves para construir los looks de otoño sin necesidad de renovar todo el armario.
Una camisa blanca que sobresale por debajo de un jersey gris, un cárdigan abierto sobre una camiseta de algodón, una americana masculina debajo de un abrigo largo. Basta con prestar atención a los estilismos que encontramos por la calle para descubrir que algunas de las combinaciones más interesantes del otoño tienen algo en común: ninguna depende de una sola prenda.
El layering, o el arte de vestirse por capas, vuelve a ocupar un lugar protagonista en la conversación sobre moda. Y aunque a primera vista pueda parecer una cuestión de añadir ropa para combatir las bajas temperaturas, hay mucho más detrás de esta manera de vestir. Las proporciones, las texturas, los colores y, especialmente, las prendas que decidimos dejar a la vista pueden transformar por completo un conjunto.
Quizá lo más interesante sea que no necesitamos comprar nada para empezar a experimentar. Esa camisa que siempre llevamos con vaqueros puede funcionar debajo de un jersey de cuello redondo. El cárdigan que reservábamos para estar en casa puede combinarse con una americana. Incluso un vestido que asociábamos con la primavera puede encontrar su sitio entre prendas de punto y botas altas.
De repente, nuestro armario parece tener muchas más posibilidades de las que recordábamos.
La superposición de prendas ha encontrado una interpretación especialmente interesante en la colección otoño-invierno 2026/2027 de Prada. Durante la Semana de la Moda de Milán, Miuccia Prada y Raf Simons presentaron una propuesta en la que las capas no eran únicamente un recurso de estilismo, sino el punto de partida del desfile.
Quince modelos recorrieron la pasarela cuatro veces cada una. En cada aparición, los conjuntos cambiaban al retirar determinadas prendas, dejando al descubierto nuevas combinaciones. Abrigos, chaquetas, vestidos y tejidos se sucedían para mostrar las distintas posibilidades de un mismo estilismo.
La colección planteaba una idea que resulta familiar fuera de las pasarelas: nuestra ropa cambia a lo largo del día.
Salimos de casa con un abrigo, nos lo quitamos al llegar a la oficina, dejamos el jersey sobre la silla y, unas horas después, volvemos a reunir todas las capas antes de salir a la calle. Prada convirtió ese gesto cotidiano en una propuesta de moda.
Y quizá ahí reside parte del atractivo del layering: un mismo conjunto puede tener varias versiones sin necesidad de cambiarse de ropa.
El secreto de un buen layering no está en el número de prendas, sino en cómo se relacionan entre ellas.
Una de las combinaciones más sencillas consiste en partir de una camisa blanca y añadir un jersey de punto. Si dejamos que sobresalgan el cuello, los puños o unos centímetros del bajo, conseguimos introducir diferentes líneas en el conjunto sin complicarlo demasiado.
También podemos jugar con las texturas. El algodón de una camiseta, el punto de un cárdigan y la lana de un abrigo aportan contrastes que funcionan incluso cuando todas las prendas pertenecen a una misma gama de colores.
Las proporciones son otro de los elementos que conviene tener en cuenta. Un jersey amplio puede combinarse con una falda recta, mientras que una americana estructurada puede aportar equilibrio a un vestido fluido. Las prendas no necesitan tener el mismo largo ni la misma forma para funcionar juntas.
Y después están los pequeños detalles. Un pañuelo bajo el cuello de un abrigo, una camiseta que asoma por debajo de un jersey o una camisa abierta sobre otra prenda pueden cambiar la percepción de un estilismo.
No se trata de seguir una fórmula exacta. De hecho, algunas de las combinaciones más interesantes aparecen cuando empezamos a probar prendas que nunca habíamos pensado llevar juntas.
Porque el layering también tiene algo de juego. De recuperar un jersey olvidado, de probarse una camisa delante del espejo y descubrir que funciona mejor debajo de otra prenda. De utilizar la ropa que ya tenemos sin necesidad de que cada temporada implique empezar de cero.
Quizá por eso nos gusta tanto vestirnos en otoño. Volvemos a los abrigos, a las camisas, a los jerséis de punto y a esas prendas que llevábamos meses esperando para recuperar. Solo que esta vez podemos llevarlas todas de una manera diferente.