
Los tonos vino, el marrón chocolate y el verde oliva encuentran su lugar entre las tendencias de otoño-invierno 2026/2027, mientras las pasarelas recuperan combinaciones que invitan a experimentar con nuestro armario.
Un jersey marrón chocolate, unos vaqueros rectos y ese bolso burdeos que parece funcionar con absolutamente todo. O una americana gris, una camisa blanca y unos zapatos rojos que consiguen que el conjunto deje de ser tan predecible. Hay algo en los colores del otoño que hace que incluso las prendas que llevamos años guardando en el armario vuelvan a parecernos interesantes.
Durante mucho tiempo hemos asociado la llegada del frío con una paleta bastante concreta. Negro, gris, camel y algún que otro tono oscuro que recuperamos en cuanto guardamos los vestidos de verano. Pero las propuestas de otoño-invierno 2026/2027 demuestran que vestirse durante los meses fríos no tiene por qué significar renunciar al color.
El burdeos continúa encontrando su sitio entre los tonos que más nos gusta llevar, el marrón se consolida como una alternativa al negro y los verdes apagados conviven con propuestas mucho más atrevidas. Las pasarelas también han recuperado el protagonismo del berenjena, el rojo y el amarillo mantequilla.
Y quizá lo más interesante no sea descubrir cuál es el nuevo color de moda, sino aprender a combinar los que ya tenemos.
Hay colores que aparecen durante una temporada y desaparecen antes de que tengamos tiempo de acostumbrarnos a ellos. El burdeos parece haber encontrado una posición diferente.
Su presencia en la moda reciente tiene un antecedente en Gucci. Para su colección primavera-verano 2024, Sabato De Sarno introdujo el Rosso Ancora, una tonalidad de rojo oscuro que se convirtió en parte de la identidad visual de la firma durante su etapa como director creativo.
Desde entonces, los tonos vino han seguido apareciendo en colecciones y estilismos urbanos. En septiembre de 2026, British Vogue volvió a situar el burdeos entre los colores de referencia del otoño, destacando su capacidad para funcionar tanto como un tono de contraste como dentro de combinaciones más discretas.
Quizá por eso nos resulta tan fácil incorporarlo al armario. Un bolso burdeos puede acompañar a un conjunto de vaqueros y jersey gris. Unos mocasines de este color pueden sustituir a los negros de siempre. Y un cárdigan en tono vino funciona con pantalones marrones, faldas de cuadros o prendas de color crema.
No necesitamos vestirnos de burdeos de la cabeza a los pies para darle protagonismo. A veces basta con un pequeño detalle.
Si hay un color que ha conseguido hacerse un hueco entre los básicos del armario, ese es el marrón. Especialmente en sus versiones más oscuras, próximas al chocolate.
Pero lo interesante de esta temporada es que la tendencia no se limita a una única tonalidad. Según las previsiones de Heuritech recogidas por Vogue para otoño-invierno 2026, los marrones más cálidos, como el canela, el castaño y el camel, también ganan presencia en el análisis de tendencias.
Esto abre muchas más posibilidades de las que imaginamos.
Podemos combinar un pantalón chocolate con una camisa azul claro, llevar un jersey marrón con una falda gris o mezclar diferentes tonalidades de una misma gama. El ante, la piel, la pana y el punto permiten introducir contrastes incluso cuando apenas cambiamos de color.
El marrón también funciona especialmente bien con el burdeos. Son dos tonos con suficiente personalidad para destacar por separado, pero que pueden convivir en un mismo conjunto sin competir entre ellos.
Un abrigo chocolate, unos vaqueros y un bolso color vino pueden ser un buen punto de partida.
Y no hace falta despedirse del negro. Aunque durante años hayamos escuchado que ambos colores no deberían mezclarse, una chaqueta marrón con pantalones negros puede funcionar precisamente por ese contraste.
El verde oliva tiene una relación especial con el vestuario de otoño. Lo encontramos en chaquetas de inspiración campestre, prendas de algodón, abrigos y pantalones que parecen encajar con los tonos tierra.
Una chaqueta verde oliva sobre un jersey crema y unos vaqueros puede convertirse en una combinación para cualquier día de la semana. También funciona con burdeos, marrón y azul marino.
Pero no todo el otoño se construye alrededor de los colores de la naturaleza. Las colecciones de otoño-invierno 2026/2027 han dado protagonismo al berenjena y a diferentes tonalidades de morado. Firmas como Miu Miu, Chloé, Balenciaga y Loewe han explorado estos colores, que ofrecen una alternativa al burdeos sin alejarse demasiado de su intensidad.
El amarillo mantequilla también aparece en las propuestas de firmas como Alaïa y Chanel, mientras que el rojo intenso, el azul eléctrico y otros tonos más luminosos recuerdan que la moda de invierno no tiene por qué limitarse a una paleta apagada.
Quizá ahí está la parte más divertida: combinar un jersey amarillo claro con un pantalón marrón, introducir un accesorio rojo en un conjunto gris o descubrir que el verde oliva y el berenjena pueden convivir mejor de lo que pensábamos.
En las calles de las semanas de la moda, las combinaciones tonales y los estilismos construidos a partir de prendas cotidianas han seguido teniendo protagonismo. La cobertura de street style de Vogue de marzo de 2026 destacó precisamente el interés por conjuntos pensados para la vida real y por referencias minimalistas como Carolyn Bessette-Kennedy.
No todos los estilismos necesitan un color inesperado ni una prenda que acabe de llegar a las tiendas.
Podemos empezar sacando del armario aquel jersey marrón que siempre combinamos con negro y probándolo con unos vaqueros azules. Recuperar un pañuelo burdeos y llevarlo con una americana gris. O descubrir que nuestra gabardina beige funciona con más colores de los que habíamos imaginado.
Porque una cosa es conocer las tendencias y otra muy distinta sentir que tenemos que seguirlas todas. La moda también consiste en elegir. En descubrir qué colores nos gustan, cuáles queremos repetir y cuáles preferimos dejar en las pasarelas.
Puede que este otoño volvamos a ponernos el mismo abrigo, los mismos pantalones y aquel jersey que compramos hace tres años. Pero quizá esta vez los combinemos de otra manera.